Cada Día con Dios

Devocional Diaro

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Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18, 19.

Este fue un buen día para la gente de Iowa. Nuestra reunión terminó recién cerca de la una... El precioso don de la salvación y la redención para todos aquellos que lo quieran aceptar parecía tan maravilloso, tan por encima de nuestra imaginación, que las palabras eran inadecuadas y no podían describir las infinitas bendiciones puestas a nuestro alcance por el Redentor del mundo. Su grandeza descendió al nivel de nuestra debilidad.

¡Jesús, precioso Salvador! Podemos estudiar el amor del Padre al dar a su querido Hijo para que muriera por este mundo caído. Cuando estudiamos ese inefable amor a la luz de la cruz del Calvario, nos llenamos de admiración y asombro. Vemos la misericordia, la ternura y el perdón armoniosamente entretejidos con la justicia, la dignidad y el poder. Jesús invita al pecador a que lo mire y viva. “He hallado un rescate” le dice. La cruz del Calvario es el puente que se tiende sobre el abismo que abrió el pecado. Las almas arrepentidas y creyentes pueden ver a un Padre perdonador que nos reconcilia consigo mismo por medio de la cruz del Calvario.

El conocimiento de Cristo pone de manifiesto las profundidades del pecado y su carácter ofensivo, mientras por la fe vemos la corriente purificadora, la sangre de Cristo que lava toda mancha de pecado. Esta salvación no es apreciada ni siquiera a medias. No se considera de valor infinito la salvación que se nos ofrece por medio de la sangre de Jesús. Por la fe debemos aceptar plenamente este don como el gran obsequio de Dios otorgado por medio de Jesucristo...

¿Por qué somos tan fríos? ¿Por qué somos mundanos? ¿Por qué somos tan descuidados? ¿Por qué no arde el amor de Jesús sobre el altar de nuestros corazones? El llevó la carga de nuestros pecados y pesares; ¿por qué no tenemos más fe? ¿Por qué no confiamos y lo recibimos todo, por la fe, de la mano que fue clavada a la cruz a fin de ser poderosa para salvar? ¿Por qué no podemos confiar en ese amor que se nos ha manifestado en un sacrificio tan infinito para que pudiéramos vivir?

Miremos por fe la cruz. Miremos y vivamos. Este será nuestro estudio y nuestra canción por toda la eternidad.—Carta 6, del 16 de junio de 1881, dirigida a Edson y Emma White.

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